martes, 12 de agosto de 2014

Amores de serie B

Lo nuestro no fue un amor de películas de Hollywood.
No rompíamos la vida en mil pedazos por amor.
ni nos fugábamos en secreto a otro país
ni saltábamos los edificios de la ciudad de Nueva York.

Nunca estuvimos nominados a la mejor película de acción,
ni a los mejores actores de reparto,
pero siempre a la mejor drama y caracterización.

No fuimos una historia fácil
y siempre nos despedazaron en temporadas.
En estaciones.
Unas veces las del tiempo, y otras tantas las del tren.

Éramos como un amor de primera guardado en el fondo de una caja de serie B;

Un amor sin título conocido,
sin guión determinado.
Un amor de pocos espectadores
de baja audiencia
y de mínimas recaudaciones.

Un corto demasiado largo.
Una puerta de entrada sin ninguna salida.
Un rompecabezas para cualquier director.
Pero ya ves, hay veces que me sigo acordando de ti, de tus rarezas.
Y de lo mucho que me gustan, las películas francesas. 
Un suicidio económico para cualquier cinematográfica.

Así fuimos nosotros. Ese algo por lo que nadie apostó.
Esa nada por la que yo arriesgué.
Y ese todo que perdí.

jueves, 28 de noviembre de 2013

¿Aceptas?


Prometo:
Abrazarte. Susurrarte al oído. Acompañarte. Escucharte. Verte sonreír. Soñarte cada noche. Hacerte el amor, tanto de manera literal como figurada. Cuidarte. Prometerte un beso. Encontrarte cuando estés perdido y traerte de vuelta. Buscar un lugar para perdernos los dos. Abrazarte allí. Quererte PARA SIEMPRE. 




     Cada noche, antes de dormirme, pienso en ese cosquilleo que dejaste         cincelado en mis labios 
antes de irme a casa.




lunes, 16 de septiembre de 2013

Yo mataré monstruos por ti

Demuestra lo justo para convencerte a ti y no al resto. Cae, levanta la cabeza y sé capaz de sonreír al contarlo. Recuerda, no añores. Piensa por ti mismo, déjate enseñar, pero que nadie te diga cómo hacerlo. Alza la vista, mira a tu alrededor, elije tus colores, tus sabores y un no sé qué que te haga sentir diferente. Asómbrate, asústate, maravíllate y vuélvete loco si quieres. Pon reglas a todo menos a ti mismo. Escoge las palabras, calcula los daños, y cuando todo salga mal, arregla lo que puedas y lo que no, déjalo estar. Cuida de lo que merezca la pena. Teme lo suficiente como para hacerte más fuerte, y sufre por todo lo que pueda hacerte más feliz. Ríe, disfruta. Entiende que ayer y mañana no te pertenecen.
Y cuando quieras llorar, cuando todo vaya mal, cuando no haya nadie para apoyarte, recuerda, que yo estaré ahí, que puedes contar conmigo, que da igual que sean las 3 o las 6 am, que no importa lo lejos o cerca que estés, que ya lo sabes...

Yo mataré monstruos por ti, solo tienes que avisar. 


viernes, 13 de septiembre de 2013

Todos necesitamos curarnos

Cuenta la leyenda que existe una ventana de cristal, con las cortinas cerradas, por donde se cuela la suficiente luz como para alumbrar unos guantes de boxeo que descansan en una esquina. Al otro lado, unos patines de cuatro ruedas esperan debajo de una silla, iluminados por el mismo sol. Separados por kilómetros, años e incluso dimensiones, ambos lugares coinciden en un punto del espacio-tiempo donde se solapan, se mezclan y se grapan: la ventana. Como todas las ventanas, ésta solo se abre de par en par en verano, concretamente en el mes de Agosto, cuando más calor hace, y solo durante unos días.

A cada lado de la famosa ventana viven dos antiguos conocidos que un día decidieron que el cristal era lo suficientemente duro como para separarlos. Ellos hacen su vida durante los meses de frío, castañas y copos de nieve; pero no olvidan ventilar cada día abriendo una rendija la ventana. Cada uno coge las riendas de su vida, y hacen lo correcto, ellos siempre hacen lo correcto.

Pero de vez en cuando, con bastante frecuencia, quizá varias veces al día, apartan un poco la cortina y se asoman. No para ver lo que está haciendo el otro, sino para asegurarse de que está bien, de que nada le perturba el sueño, de que le acarician las manos correctas, de que las grapas que sujetan las costuras de sus sentimientos se mantienen fuertes... y vuelven a cerrar la cortina para que no entre demasiada luz.

Cuando ella se asoma, deja sus huellas dactilares en el frío vidrio, y así el sabe que ella ha estado allí. Cuando él pega su nariz contra el cristal y la intuye a contraluz, se aparta rápidamente para no dejar su sombra grabada en las paredes ajenas. Pero ella ya ha visto su silueta reflejada en la esquina del fondo, y el ya ha respirado el olor de las yemas de sus dedos. Otras veces es un pelo rubio que cruza la ventana llevado por el viento, otras es un post-it verde con un mensaje en clave el que surca los cielos convertido en un avión de papel, o el agujero que taladra en la pared la mirada más larga. Siempre dejan un rastro, señales, recuerdos, flotando alrededor de la ventana. Tal vez a propósito, tal vez sin querer, pero siempre queda algo que les recuerda que existió un pasado en el que no había ventana

Un día, él decide cerrar la ventana, correr las cortinas y bajar las persianas para que no entre más verano en su habitación. El verano es peligroso, se dice.

Ella se despierta una mañana de otoño y comprueba que en su mitad tampoco hay luz, sino oscuridad.

Coge una linterna y se acerca a la ventana, ilumina sus huellas sobre el cristal y sí, siguen ahí, así como los agujeros en las paredes que en su día hizo la mirada más profunda que ella hubiera visto nunca. Se sienta en el suelo, y no entiende nada. Su persiana está subida, de día y de noche, y su ventana abierta para gritar en caso de emergencia. Ahora si grita nadie la escucha, si abre la ventana no pasa el aire, y... ni siquiera puede asomarse para ver si él está bien, o si necesita algo, o si quiere enviar más aviones. Los aviones...verdes y repletos de guiños, descansan todos en un rincón, a oscuras. Ella enciende una cerilla y les prende fuego, a la mierda los recuerdos, los momentos y todo lo demás. Se hace una fogata enorme de esas que dan todo el calor necesario para no congelarse en pleno invierno, de esas que alumbran e hipnotizan, sí una de esas. Sin darse cuenta, se queda dormida sobre las cenizas, sin entender, se mece en el silencio que dejan las persianas bajadas...y al despertar es otra, como un ave fénix que vuelve a nacer después de su primera combustión, ella vuelve a nacer. De repente un ruido, la persiana se sube un poco y se cuela un avión. No lleva nada escrito, está en blanco. Ella le hace una bola y lo estrella contra la pared mientras el hielo y la escarcha le muerden los dedos de los pies. En ese momento lo decide, coge sus patines, y se va.

Al otro lado, él cierra la persiana a cal y canto justo en el momento en el que se desata la tormenta del siglo. Los árboles se arrancan del suelo, la tierra se retuerce, ha llegado el huracán. él corre a tapiar la ventana con unos tablones y varios clavos para evitar que se rompa su cristal. Llueve a mares, y se levantan olas de frustración e incertidumbre. Él vaga en una balsa sin saber a donde ir, y se aleja... se aleja de la ventana. Al cabo de un tiempo el agua desaparece y el regresa a la ventana para comprobar que al otro lado todo sigue en orden y que el vendaval no ha arrasado demasiadas cosas importantes. Sube un poco la persiana y se saca un papel verde del bolsillo, lo convierte en avión, y le sopla en la parte de atrás para que atraviese la ventana. Observa como un ovillo de pelo rubio, medio congelado, se despierta, coge el avión y lo estrella con rabia contra la pared. Parece otra, más adulta; parece una estrella en medio de la oscuridad, una estrella fugaz que se aleja por la puerta de atrás. Él la ve alejarse, brillando, y le entran ganas de ir a sacudirle la ceniza de su pelo dorado, pedirle disculpas, y sin querer la mira desde atrás y le hace un agujero en la pared, uno más.

Ella se gira, atónita, cuando ya se iba, y le descubre asomado a la ventana, taladrando sus paredes una vez más. Le mira y destruye sus diques de seguridad. Se miran y se dicen todo, y ella pregunta, y el responde. Ella le enseña el agujero que tiene en el pecho, ese que un día él le hizo cuando no había ventana. Él pide disculpas y se lo cose, y le muestra cómo ha coleccionado todas y cada una de sus canciones.

Se dan la bienvenida, se dan los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches, y es justo al caer la noche cuando deciden que no pueden seguir viéndose a través de una ventana. Porque el cristal es demasiado duro y se raya, y demasiado fácil de romper de un puñetazo; pero a la vez demasiado transparente como para no ver a través de él. Y entonces acuerdan acordarse el uno del otro y levantar un muro a cada lado de la ventana, un muro de ladrillo que no permita ver huellas dactilares, ni destellos rubios, ni guantes de boxeo, ni patines.


Así lo construyeron, una barrera lo suficientemente gruesa como ambos querían que fuera, pero dejaron un agujero del tamaño de un avión de papel de color verde. Un pequeño hueco por el que dejar pasar un mensaje de socorro, un ''te quiero'' , un adiós o un ''sigo aquí''.

O tal vez la luz de una estrella fugaz, o el silencio, o una pregunta, o veintitrés respuestas.







Todos necesitamos cerrar las heridas provocadas por alguna mirada demasiado potente.
Todos necesitamos curarnos. 

martes, 9 de julio de 2013

Felices +2

Temblaba, pero no de frío ni de miedo sino de nervios, de no saber que decir... 


Días de verano de esos que pasan sin que te des cuenta, de esos en los que cada día es diferente y a la vez todos iguales. Calor, agua, césped, parques llenos de gente, sillas aparcadas en las aceras enfrente de las casas, atardeceres brillantes...Días de verano en los que las fotos están plagadas de la palabra amistad, de la palabra sonrisa, de la palabra fiesta, alboroto, piscina, toalla y desde que apareciste tú, de la palabra amor. 

Siempre he creído en el destino y he tenido confianza en que si algo no pasa por mucho que quieras es porque en ese momento no debería de ocurrir. Son días a tu lado, horas sentados en un banco, horas hablando contigo, horas mirándote a los ojos, horas abrazados, dándote esos besos que tanto se han resistido a ser dados y diciéndote esos te quiero que estaban guardados con un candado. 

Encontraste la llave al darme el primer beso tímido, al hacerme cosquillas y reír a carcajadas, al poner tu mano estirada con la mía y comprobar que es tan pequeña como la de una niña, al hacerme esas caricias por el pelo que me dejan dormida, al cogerme de la cintura para subirme a tus rodillas, al decirme el primer te quiero... 

Nos quedan días de verano y esta vez no es para pedirte perdón sino para darte las gracias por todo el tiempo juntos. 


Y por si quedaba alguna duda.... 
Te quiero. 


Más que a nada y por encima de todo

No pienses que la totalidad de las cosas reside solo en las cosas materiales.

Suenan los acordes de la canción que sonaba en esos momentos en el pc ¿cuál era? Ah sí! Rihanna volvía a provocar esa sonrisa tímidas, como olvidarlo...

Las matemáticas no son exactas. Yo vivo en el borde del precipicio continuamente, siempre calculo el límite de mi vida cuando tiende a infinito para que el resultado sea felicidad. Odio cuando la calculo tendiendo a 0, siempre me suele salir una indeterminación que me lleva a algo que algunos llaman tristeza.
Son tiempos extraños, tiempos en los que el sol se esconde de las miradas, en que los libros nos recuerdan que hay palabras que cuentan realidades que tenemos que saber, tiempos en los que mis lágrimas son de alegría y mis sonrisas son de verdad.


Momentos en los que creer es un verbo increíble, porque la realidad, él, mi realidad, supera a los sueños.

Y aunque nada parezca posible, que la persona de la que hablas, de la que miras sus fotos, de la que lloras por las noches cuando nadie te ve, de la que pides a Dios para que todo acabe cuanto antes, aunque parezca imposible que se trate de esa persona, lo es y nada va a cambiar de momento por mucho que intentes evadirte. El "problema" está ahí, míralo a la cara, enfréntate a él y cuando veas que no puedes más no pienses que eres Macgyver, no puedes con todo.
Y no te preocupes por mí que por muchas cosas que pasen...siempre está él.


miércoles, 26 de junio de 2013

"El recuerdo de su bonita mirada socarrona no se me va. Que es más, me siguen entrando escalofríos al acordarme de cómo sus ojos me recorrían con una nota de risa en ellos. Y los amé, desde el momento en que los giró cara mí, tras un parpadeo perfecto hasta que se encontró con los míos, y los giró.
Y le maldije. Porque justo en ese momento, hizo que me perdiese en su maravillosa mirada. Y me asusté. Porque mi corazón se lo llevaba con su sonrisa.
Me dijo que él no era para tanto, que no era ningún Apolo. ¡Que no era ningún Apolo, que no era para tanto! Eso decía mientras yo me me perdía entre sus ojos y sus palabras. Intenté olvidarle, olvidar su mirada, pero...¿Cómo olvidar algo que se te ha impregnado en la piel? Intenté disimular mis lágrimas y gritos en silencio el día que se fue...
Seguro que así conseguía olvidarle, me dije. ¡Menuda tontería! Olvidarle... Ya ni sé qué es eso... Que no era para tanto. ¡Aún tenía narices a decirme que no era para tanto! ¡Si es la persona más increíble que he conocido en mi vida!
Siempre me quedará esa primera mirada gravada en la cabeza."



TE QUEIRO... Te amo