viernes, 7 de junio de 2013

Nadie dijo que fuera sencillo vivir

A los ojos de cualquier otra persona, este podía ser un mundo normal. Un mundo en el que existen, cosas buenas, cosas malas, momentos inmemorables y otros para olvidar. Pero últimamente, ella solo veía un mundo turbio. En el que la miseria y las malas lenguas la hundían cada vez más y ese depravado agujero existe en el medio de su vida.

Ella que solía ir siempre con la sonrisa siempre puesta, que buscaba palabras para animar a cualquiera, que bailaba y bailaba sin cansarse y que hacía oídos sordos a lo que los demás pensasen, dijesen o calumiasen. Cada noche contaba todos y cada uno de los peldaños que componían la escalera que la llevaba hacía su mente, y una vez allí, coleccionaba sueños y recuerdos vividos. Para volver cualquier día y vivir o soñar situaciones felices de antaño. Tenía como costumbre mirar fijamente a los ojos de los desconocidos que se encontraba por la calle, e imaginarse sus vidas. Usaba aquel embriagador  perfume de azhar por las noches, para poder dormir tranquila en su cama. Y antes de apagar la luz de su habitación se quedaba fijamente mirando al atrapasueños que colgaba de su pared, y pensaba si atraparía a las pesadillas que, probablemente, intentaría atacarla esa noche. 

Ahora tiene que dejarse todas las mañanas la sonrisa en casa, porque no tiene fuerzas para cogerla y colgársela en la cara. No encuentra los pasos de baile que conseguían librarla de este mundo y las personas cada vez gritan más y más. Esas voces que entran en su cabeza cada vez más y más y la conducen hacia el agujero en el que se está convirtiendo su vida. Ya no cuenta los peldaños para subir a su mente, porque ha dejado de coleccionar sueños y recuerdos. Ya no vive, y si no es capaz de vivir, ya no puede recordar momentos felices. Ya no sueña, ha perdido la ilusión, y no la encuentra entre las sábanas. Hace tiempo que se despidió de las calles de Madrid, hace tiempo que ya no siente su magia. Y alguien se atrevió a entrar en su habitación y quitarle su magestuoso atrapasueños, por lo que ahora las pesadillas invaden sus sueños una y otra vez.

Ya no ve esperanza en su mundo, ni siqueira una pequeña luz la ilumina ahora. Se han tomado la libertad de pensar por ella, de expresar lo que ella siente, sin tener derecho alguno y dejándola muda, completamente. Se ven con la suficiente fuerza para hundirla, u poco a poco lo consiguen. Se creen lo bastante inteligentes como para saber lo que siente. Y no se dan cuenta de que así la destruyen lentamente a medida que pasan los días.

                                                                        -Quizás hablar en tercera persona sea la mejor forma de hablar de uno mismo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.