viernes, 4 de enero de 2013

La última carta que te escribirán estos huesos huecos.

La voz me asfixia. El alma me pesa y el corazón me duele como si el paso del tiempo lo hubiese marchitado, y de él sólo quedasen los pedazos rotos de una vida que pasó de ser luz, a ser engullida por las sombras. El último Diciembre que te tuve, me dijiste que nací para ser musa de poetas y no de poetas fracasados. Te dediqué todas mis letras y te marchaste. Me dejaste el alma sin tinta y las ideas arrugadas y amarillas cual papel envejecido. Perdí el ritmo, y las palabras se me escapaban como si fuese un saco hecho trizas donde las ideas se esfumaban por el agujero que dejó tu ausencia. Tu mera presencia era el motivo de mi existencia, sin ti, es como si hubiera perdido mi verdadera esencia. Yo nací para que me cantases mil letras, para ser tu Julieta, pero tu marcha me ha dejado moribunda y con los huesos huecos y flacos. El espejo me devuelve un reflejo roto, donde mis ojos rotos brillan por la ausencia del brillo que me regalabas. Me dejaste flaca, como si tu risa fuera mi único alimento y al perderla hubiese perdido la tinta. La sangre es el único tinte para escribirte, esta, mi última carta. Mi despedida.

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