domingo, 6 de enero de 2013

Una historia de dos.

Él pasaba la vida en hoteles de una noche, ella lo perdió todo en el asiento trasero de un coche.
Él siempre dijo, que tenía una historia que contar, ella no tenía nada y aquel día decidió escuchar.
Él se asomaba al escote de la soledad, en el mismo bar donde ella convertía sus sueños en humo.
Él siempre dijo que debió de quedar algo donde algo hubo, donde se abandonaba el paraíso de un placer artificial.
Él se acercó preguntándole su nombre, ella pensó para si "sé amable, pero no hay ganas de hombre."
Él insitió: -Tengo una casa y una cama vacía.
Ella contestó: -Así está mi corazón.
Ella dijo: -Cada historia tiene su final, y he aprendido a no volver la vista atrás.
Él le dijo: -No te asustes que hoy no quiero amar, si está noche solo quiero despertar contigo, y nada más.

La noche entraba, y en el cuarto, ella se desnudaba, ayudada de otras manos.
 Él besó el oscuro pozo que dibujaban sus labios, ella recorrió el espacio vacío que dejaban sus brazos.
Él intentó memorizar todo su cuerpo, para poder disponer de aquel placer en cualquier otro momento.
Ella intentó darle un sentido a todo aquello, él mintió piadoso y necesitado: "claro que te quiero."

Ella despertó desnuda y sola encima del colchón, tratando de recordarle, sin una mente en los muslos. Él quizá estaría preguntándole su nombre a otra mujer. Ella se vistió tranquila y salió de aquel hotel.

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