martes, 11 de junio de 2013

Con más noches que la luna

Ella, abría su armario cada noche y escogía uno de sus vestidos provocadores. Hoy tocaba el rojo, llévaba ya un mes sin ponérselo, pero le quedaba tan bien como siempre. El vestido rojo era de sus favoritos, tenía un gran escote y la seda solo tapaba lo justo para dejar ver sus largas piernas.

Ella se encaramaba a sus tacones, como cada noche. Y se maquillaba lo justo, resaltando solo sus labios con un rojo P. Esa P no era de prostituta, era de pasión. Porque aunque ella saliese toda las noches solas y volviese acompañada, ella lo hacía con pasión. Una pasión de verdad. Y le daba igual no saber el nombre de sus príncipes, porque para ella todos se llamaban Eric. Su Eric.

Porque Eric fue el primero, y será el último. Porque él la quería de verdad, la besaba, la abrazaba, le susurraba cosas bonitas, la escuchaba, y sobretodo, la hacía reír. Porque ella lo quería a él. Y es por eso por lo que esa P no es de prostituta, sino de pasión. Porque aunque Eric se haya ido para siempre, ella sigue acostándose cada noche con él y levantándose cada mañana a su lado. 

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