lunes, 10 de junio de 2013

Los pies en el salpicadero

No sé si soy la primera que pierde la cabeza por tu sonrisa, y el sentido por tus palabras, y el pecho por un mínimo roce de mejilla. Que las supicacias, los disimulos cuando pasas, las incomodidades de orgullo que me provocas, ya son algo habitual.

Que ya lo entiendo, que cuando pasas por debajo del cielo, solo las tontas miran el cielo. Que sé como agachas la cabeza, levantas la mirada y te frotas las manos. Que conozco tu voz en formato de susurro, en formato de gemido, en formato de secreto y en formato de suspiro. Que me sé tus cicatrices y el sitio de tu oreja donde tengo que tocar para que te estremezcas. 

Que también me sé de memoria tu número de teléfono y la cantidad de escalones que hay hasta su puerta.

Que sé que no tienes pesadillas, que te pasas los días dormido, y yo sí que no tengo cojones a decirte que no a nada porque tengo más deudas con tu espalda de las que nadie tiene con la luna. Que sé la cara que pones cuando quieres hacer que me ría.

Todo, tanto que tú puedes ser el único motivo por el cual seguir vivo y no llegar a la autodestrucción... Que es cierto eso de que los besos de tu boca, saben mejor.

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